WINO Y BOOZ FIGTERS

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03 Feb 2011 12:53 #1 por tony
WINO Y BOOZ FIGTERS Publicado por tony


De Iwo-Jima a Hollister (1945-1947)

En un túnel de Los Ángeles las paredes están pintadas con diversas insignias de las múltiples divisiones y escuadrones de las fuerzas armadas Norteamericanas… y algunas son la clave a los comienzos de los denominados “MC’s de proscritos“. Dicho túnel esta en las cercanías del Cementerio Nacional de los Ángeles, es el lugar para el reposo final de más de 80.000 veteranos que sirvieron en diversas batallas de las diversas guerras mundiales, Corea y Vietnam.

En Febrero de 1945, 20.000 norteamericanos fueron enviados a tomar el pequeño enclave Japonés de la Isla de Iwo-Jima. Uno de ellos era el artillero del cuerpo aéreo del ejercito americano (la USAF como cuerpo independiente aun no existía) Ralph Willy Forkner, un joven de Fresno (California) más conocido entre sus amigos como “Wino”

La guerra tocaba ya a su final y Wino soñaba con volver a su ciudad natal y volver a unirse a su adorado moto-club local. Poco podía sospechar el bueno de Wino que quizás en esa batalla que se iniciaba en Iwo-Jima y que pasaría a la historia como una de las más crueles y sangrientas de la Segunda Guerra Mundial, se produciría un giro radical en la historia del motociclismo y en su vida propia.

Cuando muchos de estos jóvenes retornaron a casa, sintieron la necesidad creciente de volver a experimentar las sensaciones de tensión y emoción que les había hecho subir hasta niveles inigualables la adrenalina sirviendo en las diversas escuadrillas de combate. Muchos de ellos saciaron esas ansias de emociones fuertes y libertad pilotando sus motos y lanzándose a recorrer las carreteras de California en sus monturas, baratos excedentes de guerra que ahora estaban ya al alcance de muchos.

A bordo de su B-24 Wino y sus camaradas de tripulación realizaron docenas de misiones de combate sobre Iwo-Jima, antes de que él fuera trasladado a otra aeronave distinta. Tres días más tarde se produjo la tragedia. Wino vio desde su nuevo bombardero como un caza japonés se lanzaba al ataque sobre el aeroplano tripulado por sus antiguos camaradas, derribando el misma. Ninguno de ellos consiguió saltar en paracaídas. Todos volaron por los aires ante sus ojos.

Esas imágenes desgarradoras convirtieron al bueno de Wino, en una persona bastante nerviosa y un poco “inestable”. Al producirse la derrota japonesa, Wino retorno a su club local, pero ya nada era igual, no consiguió acomodarse a sus antiguas rutinas y sentía un inmenso abismo entre él y el resto de sus compañeros del club que no eran veteranos de la II GM.

En el verano de 1946 Forkner y sus compañeros acudieron a unas carreras para aficionados celebradas en la californiana ciudad de El Cajón. Mientras observaban las carreras desde las gradas, un aburrido y bebido Wino Forkner, decidió incorporarse espontáneamente a la carrera que en esos momentos se celebraba ante ellos.

Salto sobre su moto y atravesó las vallas de la pista del circuito irrumpiendo en la misma despreocupadamente. Mientras el alucinado público presenciaba esta impactante escena Wino ejecutó cuatro enloquecidas vueltas al circuito antes de caerse medio embriagado.

Los compañeros de su club concluyeron que el Wino que había retornado de la guerra, distaba mucho de ser el que conocieron antes de su incorporación a filas. Juzgándole inestable y conflictivo, decidieron retirarle “los colores” del club y amonestarle alejándolo de sus filas temporalmente. La guerra había ya terminado y todos sus compañeros de club no juzgaban apropiada esa conducta. Pero para Wino ya no requerían que le retirasen nada. Puede que esa actitud moderada fuese apropiada para ellos pero no para él. Wino hacía ya tiempo que ya no se consideraba un miembro integrante de su antiguo club… Quizás un caza japonés tuvo la culpa.

Anhelante de ese sentimiento de hermandad y camaradería que conoció en su etapa bélica, Wino comenzó a reunirse esporádicamente como “Hangaround” con los “All American”, un moto-club de Los Ángeles frecuentado por veteranos de guerra. Allí rodeado de hombres que le comprendían mejor, decidió formar con algunos de sus nuevos amigos un nuevo club. Así es como de una hermandad de veteranos de guerra aficionados a las motos nació una nuevo asociación que pasaría a la historia. Woll Porter (el equivalente al “Wino” autóctono) otro integrante de esta nueva hermandad que surgía sugirió un chocante nombre para el grupo que nacía: Booze Fighters (los Luchadores del Trago).

Formado el nuevo club, nuevos integrantes fueron llegando. Uno de ellos era Jim Cameron, un solitario veterano de las fuerzas armadas que había vivido la dramática experiencia de la sangrienta Batalla de Oki Nawa. Con dificultades para relacionarse con el resto de la gente a su regreso, carecía de auténticos buenos amigos. Volvió a casa en 1946 y conoció a los Booze Fighters con los que sí consiguió intimar. Pasado un tiempo le invitaron a unirse al club fundado por Wino Forkner. Uno de los primeros denominados moto-clubs de proscritos, desconocidos hasta aquella época.

Su apariencia rebelde y desgarbada les distinguía claramente de otros moto-clubs.

Hasta la época los clubs existentes se integraban por personas que simplemente eran propietarios de motocicletas. Vestían elegantemente, con estilosas corbatas y bonitas gorras, con una apariencia muy glamurosa. Se daba incluso el caso de que en algunos clubs si algun miembro se presentaba a alguna de las concentraciónes sin corbata, era multado por la directiva. Pero con la conclusión de la Segunda Guerra Mundial estas formalidades desaparecieron y fueron remplazadas por algo más primario: la necesidad de “evadirse”.

Los Booze Fighters y otros veteranos de guerra, vestían con ropa militar y cazadoras de piloto. Muchos eran ex-pilotos o al menos miembros de tripulaciones aéreas. La ropa de faena de inspiración militar cobraba su sentido. Muchos de esos veteranos tomaron como ejemplo a los Booze Fighters y formaron sus propios “clubs de renegados”:

Rouge Riders, Moonshiners, Gripster Galloping Goosers, 13 Rebels, Los Padres, McGoos, Desert Donkeys… todos formados por veteranos de guerra licenciados sin nada mejor que hacer que recorrer las carreteras de California a lomos de sus motocicletas.

Después de años de emboscadas, asaltos cuerpo a cuerpo y terribles bombardeos estos chicos volvían a casa y… se aburrían… se aburrían terriblemente en medio de la gris y aburguesada sociedad norteamericana de mediados de los 40. Por eso muchos de ellos decidieron a su regreso empezar a competir con sus motos. Muchos tras su experiencia bélica se habían convertido en unos seres más libres de espíritu que antes de su alistamiento. Habían visto la muerte de cerca y una insaciable ansia de apurar la vida les envolvía. Se lo pasaban en grande y la conservadora y puritana Norteamérica que los recibió de vuelta… desde luego no estaba preparada para esto.

Estos nuevos aficionados a las motos (se les empezaría a conocer como “Bikers”) ignoraban las disposiciones y regulaciones preestablecidas para competir y realizar carreras. Las vulneraban y organizaban sus propias carreras “ilegales” en el desierto. El termino de “motero proscrito” que ha llegado a nuestros días desciende de aquí. No eran realmente delincuentes ni miembros de asociaciones criminales… simplemente organizaban y participaban en carreras “ilegales” o no autorizadas. De aquí nació el termino “Outlaw Bikers”. Los fuera de la ley, los moteros proscritos.

En esas hermandades de “proscritos” la lealtad entre sus miembros, la reserva, el respeto y la confidencialidad sobre el pasado y las vidas privadas de sus miembros era la costumbre. Durante su amistad de más de 50 años Wino Forkner nunca relató a su compañero de club Jim Cameron su dramática experiencia sufrida sobre los cielos de Iwo-Jima. Como muchos veteranos de guerras esas dramáticas vivencias quedaron reservadas para si mismo. Lo que ellos y muchos otros sí que compartieron fue su pasión por las motocicletas, irse a beberse muchos “tragos” con los camarads y compartir rutas por las infinitas carreteras de los EEUU.

Para dar cumplimiento a sus pasiones y muchos de sus anhelos, los Booze Fighters y otros clubs tenían algunos destinos a los que podían acudir. La AMA (American Motocyclist Asociation) habitualmente sponsorizaba algunos eventos conocidos como “Gypsy’s Tours”, literalmente tours de gitanos o trotamundos. Jim Cameron, Wino Forkner y otros miembros de los Booze Fighters, fueron informados que el próximo evento con motivo del día de la Independencia se celebraría el 04 de Julio de 1947, durante un largo fin de semana festivo en la localidad de Hollister, una pequeña población agrícola ubicada en el norte de California famosa por haber sufrido algunos terremotos propios de esta zona propensa a los movimientos sísmicos.

El terremoto que se avecinaba en esta ocasión difícilmente podía haber sido imaginado por los vecinos de la localidad. Llego como un rugido lejano de una jauría metálica de varios miles de motocicletas que se acercaban a la localidad resonando entre los valles de la hasta entonces apacible y bucólica comarca.

En aquella zona las carreras de motos y las competiciones de “climb hills” (ascenso a las colinas) gozaban de una cierta popularidad y el 2 de Julio de 1947 Wino y Booze Fighters partieron de Los Ángeles en aquella dirección. Su llegada a Hollister creó más tarde una expectación a nivel nacional dado los sucesos que se produjeron y sin saberlo ellos mismos y su MC se convirtieron en los protagonistas por excelencia del primer capítulo de la larga historia que mas tarde muchos escribirían sobre el motociclismo y el mundo de los moteros proscritos.

Los Booze Fighters se abrieron camino en el “Folclore motero” típicamente bajo los influjos del alcohol. No podía ser de otra manera, hacían honor a su nombre. El Club llegó a Hollister para participar en el rally nacional de 3 días. Era Julio, hacia mucho calor y llegaban sedientos tras largas horas de dura ruta por las carreteras californianas.

Muchos otros club llegaron al evento ese año. Al parecer en esta ocasión la concurrencia de público iba a ser mucho más concurrido de lo esperado. Todos arribaban deseando pasarlo en grande con sus motocicletas, estrechar lazos de camaradería entre clubs y beber en tan grata compañía... hasta hartarse.

La licorería de Hollister abría las 06 de la tarde y los Booze Fighters se apresuraron en tomar posiciones para despacharse unos buenos tragos. En cuestión de horas un par de miles más de persona les imitaron entre residentes, espectadores y moteros. La fuerza de policial local tan solo contaba con una plantilla de cuatro miembros y rápidamente se vieron desbordados ante tal avalancha de público y participantes que se habían congregado en la localidad.


Autor: Booze=Hogs, ex miembro y capitan de Ruta de Malditos C.C, actual Presidente de Vandalos C.C Madrid

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